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martes, 31 de julio de 2012

¡Un, dos, tres! ¡MetroStep!





No sé si alguno recuerda la campaña que lanzó en 2009 la Comunidad de Madrid para fomentar el ejercicio en el suburbano. Si compartís con Dory la memoria de pez o en aquellos meses no frecuentabais tierras madrileñas, echadle un ojo a la noticia (y así, de paso, os cercioráis de que una humilde servidora no se inventa nada):




Alguna mente lúcida tuvo la fabulosa idea de proponer a los usuarios del subterráneo de la capital que subieran las escaleras a pie en lugar de utilizar las mecánicas. Con este, aparentemente, sencillo cambio en nuestros hábitos conseguiríamos hacer ejercicio y, en consecuencia, mejorar nuestra salud. Pero cómo se preocupa por nosotros la Comunidad y doña Esperanza; es para emocionarse.

No sé a quién ni cómo se le ocurrió semejante cosa; lo mismo afeitándose se le encendió una bombilla, como a Buñuel (no es mío, es de Woody Allen en Midnight in Paris), pero desde luego su iniciativa no gozó de éxito popular. Y no es de extrañar. Aplaudo el interés de la propuesta (la originalidad no; la SuperPop y la Bravo ya venían recomendando lo mismo años atrás para mantener el tipo, tss...), pero reconozcamos que es poco factible.

“Que le digan a un minusválido si mejora su salud física cuando tenga que subir a pie decenas de escalones porque, la mayoría de las veces, las escaleras mecánicas están averiadas. Lo mismo le sucede a una madre que carga con el carrito de niño”.

Eso dice Rafael Fernández, de la SER, en la noticia anterior. A mí se me ocurren otros muchos casos. ¿Alguien ha cambiado de la línea 6 a la 1 en Cuatro Caminos? Intenta hacerlo a pie. Daría para otra entrega de Misión Imposible. Yo misma intenté seguir la innovadora propuesta, pero no tardé mucho en desistir. Ya os conté cómo suelo ir en el metro (Conflicto generacional I, párrafo 4).

Me gusta imaginar qué hubiese sucedido si la propuesta hubiese sido un rotundo éxito. Usuarios en deportivas y chándal subiendo y bajando escaleras a velocidad hipersónica, piques entre canis para ver quién llega antes al andén... ¿Canis? ¿He dicho canis? He de parar. Ellos merecen un capítulo aparte.

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